Reconocer la depresión y la ansiedad en los mayores

Por lo general no se puede predecir cuando la depresión se va a convertir en el compañero de vida de la inmensa mayoría de los mayores.


Los vemos deambular en silencio creyendo que es parte de su sistema de vida y no nos percatamos de que están librando una batalla en sus entrañas llamada depresión. Pero si estamos atentos a determinadas señales podremos ayudarlos a comprender su situación ya que les cuesta mucho trabajo reconocer su realidad y, de esta forma, conseguiremos la ayuda que necesitan para poder salir de ese bucle rutinario y doloroso.


En esta sociedad, de carreras y éxitos ensoñadores en la que la lucha por la inmortalidad y la huída del envejecimiento se ha convertido en una carrera de fondo, no nos percatamos de la presión tan alta a la que están siendo sometidos muchos de nuestros mayores. La depresión entonces comienza a llamar a la puerta de sus esperanzas de vida y convierte en un infierno lo que tendría que ser una normalidad bien entendida por todos, pues la vejez es un proceso natural que tendría que ser interiorizado y respetado en esta sociedad occidental. La negación recurrente de dicho proceso provoca alteraciones psicosomáticas que como mínimo provoca ansiedad y depresión constante, entre otros trastornos. Debemos entonces comprender la situación de la persona afectada y ayudarla. Sugerir la visita al especialista de salud mental puede ser la puerta de salida de una monótona y desesperante situación que va acabando cada día con las ilusiones. Familiares y amigos deben observar los cambios de conducta de los mayores, esto implica una atención seria y responsable ya que la calidad de vida de la persona afectada puede deteriorarse a pasos agigantados.
Reconocer y normalizar cada cambio fisiológico e interiorizarlo debería ser suficiente, pero desgraciadamente todo se torna de color oscuro cuando el tiempo corre y la presión aplasta las ilusiones creadas.
El envejecimiento, los recuerdos de un pasado lejano, la falta de memoria, el dolor físico, la soledad, la ralentización de la productividad o el desequilibrio entre lo que se desea hacer y lo que se puede hacer son por lo general detonantes de una ansiedad mal comprendida. Debemos observar y actuar con amor, preocuparnos y ocuparnos ya que todo está en nuestra actitud y tenemos que reaccionar a tiempo para cuidar de la salud de los mayores ya que muchos se encuentran sumergidos en una soledad no elegida.
Recuerda que una visita al psiquiatra puede descubrir todo un entramado de sentimientos de rechazo y silencios. La felicidad puede volver a anidar en el corazón de los nuestros.
Lo que haces con corazón por otros puede ser el pasaje de un futuro incuestionable y fecundo para toda la sociedad. Somos seres que necesitamos el calor humano, y cuidarnos mutuamente debe ser la vacuna de esta sociedad que está descompensada entre su avanzada tecnología y su empatía emocional. Todos debemos ser reconocidos en la creación de este sistema de convivencia.