Las enfermedades psicosomáticas: enfermedades invisibles

Trabajar forma parte natural del hombre/mujer. Vivimos en una sociedad en la que el excesivo trabajo, ser autoexigente con la perfección en las tareas, así como la preocupación constante por avanzar en las actividades cotidianas, que parece que nunca se acaban, pueden conducir directamente hacia un estado de inquietud sin límites y, por lo tanto, en ataduras invisibles que bloquean el bienestar del individuo.

La calidad de vida se ve afectada por esas barreras impuestas y comienza el descenso hacia un callejón sin salida. La persona afectada ya no tiene tiempo para disfrutar de su familia y amigos, cae en un agujero negro y se va alejando, cada vez más, de su autocontrol y peligrosamente se cierra entre barreras. El individuo se siente incapaz e inseguro y cree perder el control.

ATADURAS INVISIBLES

Es necesario ante dicha actitud comenzar a marcar unas pautas de comportamiento, para ello es primordial que la persona afectada acuda a un profesional de la salud mental (psiquiatra), el cual entrará en la dinámica personal de dicho paciente, pues el trabajo siempre estará relacionado con situaciones vitales que pueden interferir en sus labores, ya que el trabajo por sí solo no produce la ansiedad, siempre habrán acontecimientos de su vida que afecten al paciente y conduzcan hacia ese detonante. El psiquiatra mejorará dicho trastorno de ansiedad para que el paciente vaya tomando el control de su vida. “Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar”; ese es el verdadero estigma de alguien que sabe cuál es el límite de su existencia. En realidad para poder rendir óptimamente en el trabajo se tiene que producir un equilibrio entre una plena vida personal, dónde la diversión y el trabajo estén siempre al 50%.