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ATADURAS INVISIBLES

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Trabajar forma parte natural del hombre/mujer. Vivimos en una sociedad en la que el excesivo trabajo, ser autoexigente con la perfección en las tareas, así como la preocupación constante por avanzar en las actividades cotidianas, que parece que nunca se acaban, pueden conducir directamente hacia un estado de inquietud sin límites y, por lo tanto, en ataduras invisibles que bloquean el bienestar del individuo.

Las secuelas del maltrato social

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No todos tenemos la capacidad de relacionarnos de la misma manera. Existen individuos que viven en la sombra del embudo social y sufren inseguridades, dificultad para relacionarse con otros o sienten fobia social y se refugian en su mundo, creando a su alrededor un muro de lamentaciones internas que no les ayuda a conseguir el objetivo deseado: la integración social. Ante dichas sensaciones, la mayoría de las personas que se sienten atrapadas en este esquema han pasado por una serie de problemas similares que arrastran a lo largo de sus vidas: maltrato infantil en la escuela o exclusión de los grupos escolares por parte de compañeros, falta de apoyo y comprensión por parte de padres y educadores,  o falta de autoestima en el pasado; son estigmas que arrastran cada día de sus vidas y que han interiorizado erróneamente, llevándoles a desarrollar ansiedad o depresión. Codician una vida “normal” dónde sus miedos y silencios queden atrás y el bienestar se instale en sus vidas, en definitiva. Para lograr este objetivo, es necesario la ayuda de un especialista de la salud mental, un psiquiatra, que sepa devolver el equilibrio a sus vidas. 

Vivimos en una sociedad dónde es necesaria la comunicación constante para el proceder cotidiano en todas las áreas de la vida. Por ello no hay que demorarse a la hora de querer mejorar la calidad de vida.  

LA SOBREPROTECCIÓN

Leer más...LA SOBREPROTECCIÓN, UN MIEDO CON LAZOS INCOHERENTES

Darnos cuenta de los miedos que influyen en nuestras vidas es una ardua tarea, ya que muchas veces no detectamos la procedencia de esos fantasmas que nos atormentan cotidianamente. En muchos casos haber tenido una infancia en la cual prevalecía la sobreprotección, es la causa más probable de angustias que a lo largo de la vida seguiremos arrastrando, adheridas a nuestras actitudes miedosas.

El ímpetu por trabajar quedó atrás, la ansiedad no me deja avanzar

El ímpetu por trabajar quedó atrás, la ansiedad no me deja avanzar

Pasar de ser una estrella al estrellato, así es como se siente mucha gente al tener que enfrentarse cada día a su trabajo. En ocasiones, sin motivos aparentes, la impetuosidad y el buen hacer en los logros profesionales se transforman en un arma de doble filo, convirtiendo al trabajador en cazador y presa de sus propios objetivos; esta sensación de sentirse atrapado por las circunstancias lo lleva a un estado de ansiedad que poco ayudará para que se manifieste un cambio en su penosa actitud cotidiana. Normalmente las personas que caen en este tipo de situaciones demandan una serie de exigencias en sus vidas que mantienen los pilares de su estructura mental, pero si su fortaleza se tambalea (al contrario de lo que piensan los que les rodean) con el más mínimo cambio inesperado, se producen verdaderos estragos en su rendimiento y su actitud, llegando incluso a rechazar o detestar su puesto de trabajo. Cada día que pasa es la suma de un deterioro de conocimientos, previamente adquiridos en sus tareas y su mundo se vuelve oscuro, y sin aparente salida, tomando el aspecto de un bucle sistemático por excelencia. La necesidad de querer salir debe pasar por solicitar ayuda a un profesional de la salud mental que le ayude a “desactivar” los pensamientos negativos que atraen al paciente frente a sus tareas cotidianas, a través de la correspondiente medicación y seguimiento, en este caso del psiquiatra.

¿Por qué siento una constante ansiedad?

constante ansiedad

Viven al límite o eso es al menos lo que sienten muchos hombres y mujeres, que cada día sufren una constante ansiedad o el llamado trastorno de ansiedad generalizada, dónde la angustia se instala en sus vidas de manera libre y flotante. La aprensión, dificultad para concentrarse en tareas cotidianas o simples, dar vueltas a todos y cada uno de los pensamientos, así como perder la noción del tiempo, suelen ser en gran medida el detonante para lo que viene a continuación: mareos, temblores, tensión muscular, sudoración, palpitaciones, en fin, una serie de síntomas que sin razón alguna reglamentan la vida diaria de la paciente o el paciente, llevándoles a un estado de constante alerta. Ellos querrán controlar su pequeña parcela (espacio – tiempo) del hogar o del trabajo a través de anotaciones, orden en la casa, oficina, silencio, etc, para sentirse más protegidos de sus ataduras invisibles cotidianas, pero desgraciadamente no será suficiente. Sobre todo, será muy preocupante cuando los episodios de ansiedad se reiteren por varias semanas seguidas, creando un estrés ambiental crónico. Es muy necesario que la persona afectada acuda a un especialista de la salud mental, en este caso hablamos del psiquiatra quien dará con las connotaciones oportunas para encauzar la ansiedad.

Por otro lado además de los adultos, tengamos en cuenta a los niños pues si denotamos una necesidad constante de seguridad y repetidas quejas corporales (inseguridades, miedos, tristeza), hay que recurrir también y rápidamente al especialista mental y someter cuidadosamente al menor a un estudio, para controlar a tiempo dicha ansiedad.

Atajar el estrés

Atajar el estrés

En situaciones de máximo estrés, no todos los individuos reaccionan de la misma manera. Por ejemplo, hay personas que pueden controlar una, dos o más actividades con un grado de estrés que los impulsa hacia la auto realización de sus asuntos cotidianos.

Sin embargo, en muchos otros, el estrés es el verdadero enemigo de sus vidas, resultando tedioso para sobrellevar sus “cargas” diarias. En las personas del segundo tipo podemos decir que, si el estrés no se controla adecuadamente y se aprende a sobrellevarlo, deriva en el llamado trastorno de ansiedad (nervios + estrés), este trastorno colapsa a la persona de tal forma que su vida se convierte en un “infierno” y, sin motivo supuestamente aparente, puede aparecer en cualquier instante sin previo aviso: sensación de ahogo, sudoración, palpitaciones, aumento de la realidad desmedida, pánico… estos son algunos de los síntomas que prevalecen en este estado de ansiedad derivado por un estrés incontrolado. Ante esta situación es importante que el afectado/a se ponga en manos de un profesional de salud mental, en este caso el psiquiatra, que le ayudará a normalizar su situación y a controlar esos ataques de ansiedad.