La depresión en los ancianos es real, no son quejas producto de su edad.
Estar cerca de un ser querido que entre en la tercera edad, supone para dicha persona un cambio extraño en su estado emocional, a veces incluso, siendo un individuo habitualmente activo, puede comenzar a hacerse planteamientos sobre su vida que conducen hacia estados anímicos relacionados con la falta de autoestima y descentralización en su vida, como por ejemplo, comenzar a pensar que se ha convertido en un estorbo para sus seres queridos.
¿Cómo identificar la depresión en la tercera edad?
Los familiares tienen que estar atentos a los cambios de actitud que muestre el mayor: silencios, deseos de estar sólo, tristeza, mirada perdida, irritación desmesurada. Ante un cuadro de actitud similar es imprescindible no dejar pasar el tiempo y tomar muy en serio la supuesta “melancolía” y acudir directamente a un profesional de la psiquiatría, que valore el estado de salud mental del paciente. En muchos casos cuando se reacciona con rapidez, se puede frenar reacciones drásticas en la manera de proceder del afectado.
La depresión en la edad avanzada, también conocida como depresión geriátrica o depresión en personas mayores, es un problema significativo que a menudo se subestima o se pasa por alto. Al igual que en otras etapas de la vida, la depresión en personas mayores puede manifestarse de diversas maneras. Aquí hay algunos tipos de depresión que pueden afectar a la población de edad avanzada:
Depresión mayor:
Se caracteriza por síntomas graves y persistentes, como tristeza profunda, pérdida de interés o placer, alteraciones en el sueño y el apetito, fatiga, sentimientos de inutilidad y pensamientos de muerte. La depresión mayor puede tener un impacto significativo en la capacidad de funcionar en la vida diaria.
Trastorno distímico:
Es una forma de depresión crónica pero menos intensa que la depresión mayor. Los síntomas pueden ser más sutiles pero persisten durante un período prolongado, a menudo durante años. Puede ser más difícil de diagnosticar en personas mayores porque los síntomas a menudo se atribuyen erróneamente al envejecimiento.
Depresión reactiva:
Puede surgir como respuesta a eventos estresantes o cambios significativos en la vida, como la pérdida de un ser querido, la jubilación, la enfermedad crónica o la pérdida de independencia. Las personas mayores pueden ser más vulnerables a la depresión reactiva debido a los desafíos asociados con el envejecimiento.
Depresión vascular:
Relacionada con problemas circulatorios que afectan al cerebro. Puede estar asociada con enfermedades vasculares, accidentes cerebrovasculares o hipertensión. Los síntomas pueden incluir confusión, pérdida de memoria y disminución de la energía.
Depresión inducida por medicamentos:
Algunos medicamentos, especialmente aquellos utilizados para tratar condiciones médicas crónicas comunes en la edad avanzada, pueden tener efectos secundarios que contribuyen a la depresión.
Depresión asociada con demencia:
Las personas con demencia, como la enfermedad de Alzheimer, tienen un mayor riesgo de experimentar síntomas depresivos. La demencia y la depresión pueden coexistir y agravarse mutuamente.
Es importante señalar que la depresión en personas mayores a menudo se subdiagnostica o se confunde con otras condiciones médicas y problemas emocionales relacionados con el envejecimiento. Además, los síntomas de depresión pueden presentarse de manera diferente en personas mayores en comparación con personas más jóvenes.
Si sospechas que un ser querido o tú mismo puedes estar experimentando depresión en la edad avanzada, es crucial buscar la ayuda de un profesional de la salud. El tratamiento puede incluir terapia psicológica, medicamentos antidepresivos y, en algunos casos, cambios en el estilo de vida para promover el bienestar emocional.





